
Intervención de Rodolfo Benito presidente de la Fundación Sindical de Estudios, y miembro de la Comisión Ejecutiva Confederal de CCOO, el miércoles, 30 de abril, en un acto de Delegados y Delegadas, en La Unión Intercomarcal de CCOO de Buñol (Valencia).
Hoy como ayer, el sindicalismo sólo puede ser concebido como sujeto de cambio social, o lo que es lo mismo: hoy como ayer el sindicalismo está obligado a actuar para transformar la sociedad. Ése es su gran desafío, lo que en primera instancia el sindicato tiene que asumir de manera inequívoca si no quiere perder su propio sentido, su propia razón de ser.
Y para abordar este desafío, el sujeto sindical tiene que tener los objetivos claros, pero también debe contar con estrategias definidas, y por lo tanto, el sindicalismo tiene que ser capaz de interpretar correctamente cuáles son las claves que configuran la realidad en la actualidad, tanto en su vertiente estrictamente laboral como en su vertiente social; tiene que saber dónde se sitúan los intereses de los trabajadores y trabajadoras; tiene que identificar qué formas adopta el conflicto general.
Mucho se ha hablado del impacto de la globalización sobre los nuevos modos y las nuevas estrategias productivas, y, sin duda, se trata de un factor determinante para hablar con seriedad del sindicalismo de hoy.
Efectivamente, la globalización, que no es un fenómeno nuevo sino más bien muy antiguo, se encuentra articulada ahora sobre nuevas tecnologías, lo que le proporciona mayor intensidad en tanto que se eliminan en gran medida las fronteras del espacio y del tiempo. Es esa nueva dimensión espacio-temporal la que presta a las empresas la posibilidad de nuevas estrategias productivas, a la vez que se establecen nuevas y más difusas relaciones entre lo laboral, lo social, lo económico y lo político; induce también una mayor complejidad y diversidad a los mecanismos y las reglas contractuales, por lo que resulta más difícil identificar a sus agentes, al tiempo que se fragmenta la propia clase trabajadora.
La globalización realmente existente no es, por tanto, un simple aumento de las relaciones externas y de apertura económica de los países. Es algo más preciso, que comporta libertad de comercio, de movimiento de capitales, de instalación de empresas transnacionales de ámbito mundial, e induce, como consecuencia, a unas determinadas prioridades en la política económica.
En palabras del Director de la Fundación General Universidad Complutense de Madrid, uno de los rasgos más determinantes del actual proceso de globalización es el grado alcanzado por la transnacionalización empresarial, lo que podríamos denominar la globalización de la producción, que ha hecho que las relaciones entre capital y trabajo rompan sus limites nacionales y se establezcan sin pedirse el carné de identidad, sin consideración de nacionalidad; arrastrando detrás de sí toda la trama de relaciones que lleva consigo la actividad de empresas que reúnen capitales, se dotan de medios de producción, los amasan con fuerza del trabajo y tecnología, compran y venden, generan excedente, pagan o eluden impuestos.
En esta línea, la transnacionalización productiva facilita a cierto tipo de empresas radicarse allí donde en cada momento encuentran las condiciones más favorables para sus intereses, competitividad y cuenta de resultados; una movilidad del capital productivo que le permite acceder a la oferta de trabajo mundial, poner en contacto a distintos mercados de trabajo y modificar, conviene subrayarlo, los procesos de formación de los salarios por medio del desplazamiento de los capitales y de las empresas por ellos promovidas, o simplemente por la amenaza de llevar a término procesos de deslocalización capaces de dejar vacías áreas geográficas hasta ayer llenas de vida.
El pasado 17 de abril, Nicolás Sartorius, en una conferencia pronunciada en la Fundación Sindical de Estudios, llamaba la atención precisamente sobre los procesos de concentración empresarial, una concentración, sostenía, que obedece a que el mercado, al ser global, precisa de inversiones de capital y empresas globales. Solo así se entiende y explican las fusiones, opas, que cada vez crean concentraciones más poderosas, hasta el punto que sectores enteros están en manos de unas cuantas corporaciones de inmenso tamaño y poder.
De esta situación se deriva que las grandes corporaciones, auténticos actores globales que están mucho más allá del Estado-Nación, y se mueven a nivel mundial, sean mucho más fuertes que los Estados y determinen la situación económica de territorios. Además, tienen gran poder mediático por su penetración en los medios de comunicación.
De otra parte, también conviene señalar el excesivo predominio de las actividades financieras a escala internacional, por encima de la producción de bienes y servicios, y ante lo que el sindicalismo no puede mirar para otro lado, como si esta cuestión no fuera con él.
El papel preponderante que en los últimos años han venido alcanzando los fondos privados y especulativos de inversión, son el arquetipo de la creciente financiarización de nuestra economía.
Este nivel de financiarización que ha alcanzado la economía a escala internacional, incorpora riesgos más que evidentes para el empleo y para unas sólidas relaciones laborales.
El proceso de liberalización de los movimientos internacionales de capital afecta al poder de negociación de los sindicatos. Y precisamente la actual crisis financiera generada en Estados Unidos, el centro del sistema financiero, ha puesto en evidencia las debilidades de este proceso y la necesidad de una mayor regulación de los movimientos internacionales de capital.
Los impactos de la globalización se están verificando aquí y ahora, y la fragmentación y diferenciación del colectivo trabajador, tanto en su vinculación con el empleo como en las condiciones en que se desempeña el trabajo, están configurando la realidad laboral de nuestro entorno. Esto implica que las referencias en salario, jornada de trabajo, exigencias en el empleo y condiciones del mismo, tradicionalmente compartidas por amplios colectivos laborales, han perdido gran parte de su fuerza aglutinante; y la han perdido en todas partes.
Esas condiciones de empleo y de trabajo fragmentadas inciden en la acción colectiva de los trabajadores y, por tanto, suponen el primero de los retos que el sindicalismo debe afrontar para no adquirir, si no ahora, sí en poco tiempo, un papel más limitado en la defensa de intereses y derechos del conjunto de la clase trabajadora.
Efectivamente, la extensión y consolidación de la descentralización productiva y sus consecuencias en la externalización de actividades, subcontratación de obras y servicios, deslocalización, emergencia de empresas multiservicios, que en su versión más extrema (que probablemente desde la lógica empresarial sea su auténtico objetivo), lleva a la mercantilización de una parte de las relaciones laborales, a lo que hay que añadir los usos y abusos de las distintas modalidades contractuales.
Ambos procesos han determinado la individualización creciente de las relaciones laborales; una individualización que, además, lejos de obedecer a la voluntad de los trabajadores, o a dinámicas micro-corporativas, no es sino un efecto de la imposición de las empresas, del fortalecimiento experimentado por las empresas para el establecimiento de dichas relaciones laborales, bajo la premisa ultraliberal de que la competitividad se asienta únicamente en los bajos costes y, de manera especial, en los bajos costes salariales.
Efectivamente, no sólo, pero también en España se ha abierto camino un modelo de competencia basado en la presión sobre el factor trabajo, lo que significa el desplazamiento del debate sobre competitividad de su verdadero centro de gravedad, que siendo, efectivamente, la empresa, no es el vínculo con el factor trabajo a la baja lo que la determina, sino la capacidad de las empresas de generar valor añadido. Esto es, medidas que favorezcan la modernización y el reforzamiento del tejido productivo, inversión tecnológica, formación, redes comerciales, producto, mercado, es decir, aspectos centrales que tienen que ver en lo sustantivo también con la organización del trabajo.
Porque lo que la realidad pone de manifiesto es que la mejora de la competitividad de las empresas en un marco económico y comercial cada vez más internacionalizado, no bascula sobre la presión constante hacia la moderación salarial, ni sobre la precariedad laboral; y pone de manifiesto que el argumento de que el aumento de los costes laborales hace menos competitivos los productos, con la consiguiente pérdida de cuota de mercado y la subsiguiente reducción de la riqueza, no se verifica, y que, por el contrario, son las empresas de países con altos salarios las que más riqueza generan. Y es que la competencia entre producciones de países desarrollados y las producciones de países en desarrollo no se produce vía precios, sino que las innovaciones tecnológicas incorporadas a la calidad de los productos de los países más desarrollados es lo que hace más deseables estos productos aunque sean más caros.
Por tanto, es necesario avanzar hacia un decidido impulso de un modelo de competitividad que revierta en un incremento de la calidad del empleo, en una mejora sustantiva del poder adquisitivo de los salarios, en una efectiva reducción de las desigualdades sociales y en el cuidado y preservación del medio ambiente. Un modelo de competitividad que bascule sobre las producciones de mayor valor añadido, que incorporen capital humano y tecnológico y que se oriente básicamente hacia la economía productiva frente al excesivo protagonismo de la financiarización de la economía a que venimos asistiendo.
En este contexto, el sindicalismo no puede asumir una función ni residualista ni resistencialista; por el contrario, la estrategia sindical tiene que gravitar sobre la capacidad de iniciativa, sobre el incremento cualitativo de las propuestas, sobre la definición de una nueva perspectiva de participación sindical.
Una estrategia que debe tener como objetivos afianzar el protagonismo sindical en el establecimiento de las relaciones laborales, en el establecimiento de las condiciones de trabajo, en la definición de una auténtica política industrial, situando como un elemento estratégico la participación sindical en los procesos de innovación, que además debe vincularse a los nuevos desafíos que se han de producir en el seno de las empresas, y que exigen de éstas espacios de participación en materia de organización del trabajo.
De manera ineludible, esto significa también la necesidad de imprimir una nueva orientación a la Negociación Colectiva, una orientación que le permita revitalizar todo su potencial a través de la configuración del convenio colectivo de sector como la auténtica e inequívoca instancia completa de regulación de las relaciones de empleo y de trabajo en su ámbito, y desdeñando, por tanto, orientaciones o líneas de interpretación más económicas que regulativas.
Pero, además, hay que extraer también toda la potencialidad de los artículos 82, 83 y 84 del Estatuto de los Trabajadores, que permiten seleccionar el ámbito del convenio y, por lo tanto, permite crear unidades transversales de contratación que aglutinen a un conjunto de empresas que, perteneciendo a diferentes sectores de actividad productiva, presenten un elemento de cohesión: la prestación de servicios para una misma empresa principal. Este tipo de negociación permite, por tanto, una igualación de las condiciones laborales de quienes participan en un mismo proceso de descentralización productiva, si no con carácter general, sí al menos en relación con determinadas materias que posibiliten tal equiparación.
Sin duda son temas que tienen una repercusión importante respecto de la estrategia sindical en la empresa y al papel de la sección sindical dentro de ella, y que habrá que ir definiendo; pero hay que incorporar esa dimensión al sindicalismo en su elaboración cotidiana, comenzando por abordar desde la propia negociación colectiva una revisión de los ámbitos de negociación, de los funcionales ante todo, pero también de los territoriales, prestando especial atención a los procesos de segregación de empresa, al objeto de la que negociación colectiva dé respuesta a espacios actualmente desprotegidos. No se trata de crear nuevos ámbitos de negociación que acentúen la dispersión actual, sino más bien al contrario, de contener los ámbitos de negociación al tiempo que se amplía su cobertura.
No obstante, abordar este giro tiene implicaciones que no podemos obviar; y las tiene porque se dan en un contexto, como hemos dicho antes, globalizado, lo que proporciona una dimensión supranacional y transnacional de las relaciones laborales. Un contexto en el que la intensificación de los movimientos migratorios han hecho aparecer en la escena laboral a mujeres y hombres de amplias áreas del planeta en busca del trabajo, el bienestar y la supervivencia que les son negadas en sus países de origen.
Se trata, a su vez, de otro gran fenómeno social que pone en cuestión, en primer lugar, las propias bases de las políticas de cooperación económica internacional en el escenario de la globalización, que conmueven los fundamentos del Estado-Nación, que requiere de la acción coordinada de los Estados, de iniciativas políticas y medidas económicas de carácter supranacional, y que evidencian las dificultades del sindicalismo en muchos de los países de origen y, más allá, del propio sindicalismo internacional, porque la mejora de la competitividad y del comercio internacional, en ningún caso puede estar soportada en estos regímenes de privación de derechos.
El sindicalismo tiene que dar respuesta a esta realidad, influyendo más decisivamente para que la incorporación a los mercados laborales de estos trabajadores, permita compatibilizar un alto nivel de competitividad de esas economías con la plena igualdad de los derechos sociolaborales, y en esa respuesta, precisamente, juega un papel muy importante el modelo de negociación colectiva, que tiene que ir poniendo las bases para que éste mire hacia fuera y no actúe, aunque sigue siendo muy importante, exclusivamente en función de la empresa, el sector, o el país en el que se negocie.
Dicho de otro modo: el sindicalismo tiene que impulsar su propia capacidad de negociación más allá de las fronteras nacionales; también su propia capacidad de movilización. Y para afrontar esta perentoria necesidad en las mejores condiciones, se requiere de un movimiento sindical fuerte a nivel global, y que tiene que ser capaz de articular, igualmente, propuestas y respuestas locales.
La apuesta en el ámbito de la Unión Europea no puede ser otra que la de una Confederación Europea de Sindicatos realmente consolidada y titular de los derechos de representación de los trabajadores, que articule una relación bien estructurada entre el sindicalismo de sector, la acción sindical en las empresas transnacionales, y la suma de Confederaciones nacionales, configurándose como un verdadero sindicato supranacional. Intervenir sindicalmente en la reestructuración de las empresas, regular a escala europea los procesos de subcontratación, ampliar las competencias en materia de negociación colectiva de los Comités de Empresa Europeos sobre igualdad de trato, o legislar sobre los trabajadores inmigrantes, supone ir poniendo las bases para un necesario espacio europeo de relaciones laborales.
La Confederación Europea de Sindicatos debe ser, a su vez, un instrumento dinamizador del trabajo sindical, que tiene que abordar a escala planetaria la Confederación Sindical Internacional, porque la CSI es la apuesta básica e irrenunciable para avanzar en la defensa de los derechos humanos, sociales y sindicales en unos lugares, y de defensa y ampliación de conquistas en otros. El sindicalismo debe asumir que en un mundo cada vez más interdependiente, los derechos sólo pueden defenderse haciéndolos extensivos a los demás.
La Confederación Sindical Internacional, que debe convertirse en la base que impulse el internacionalismo sindical, ha de ser el vehículo que permita universalizar la acción sindical, y con ello hacer frente a la internacionalización de una parte de las empresas, así como a la descentralización productiva, en definitiva, a unas condiciones laborales donde el empleo se desregula y precariza.
Igualmente, es necesario también impulsar iniciativas que refuercen el papel de la Organización Internacional del Trabajo, favoreciendo la creación de instrumentos que permitan el cumplimiento de las normas fundamentales del trabajo en condiciones de equidad, allá donde éste se desempeña efectivamente, y del conjunto de sus convenios.
El sindicalismo, por tanto, tiene ante sí el desafío de articular su auténtica dimensión transnacional, lo que influye de manera determinante en cómo debemos concebir las organizaciones sindicales de carácter nacional.
No se agotan aquí los objetivos sindicales. El sindicalismo de clase no puede reducirse a intervenir en el terreno laboral, sino que precisa de una estrategia para intervenir en todo aquello que determina las condiciones de vida del conjunto de la clase trabajadora, de tal modo que esa intervención se salde ganando en equidad, ganando en igualdad, garantizando el efectivo ejercicio de cuanto configura la condición de ciudadanía, aumentando y afianzando el propio protagonismo sindical, y, por lo tanto, tiene que reforzar su protagonismo también en el establecimiento de los criterios sobre los que debe sustentarse el modelo de sociedad.
La progresiva injerencia del mercado en la prestación de servicios básicos, así como la consideración especulativa de otros, singularmente de la vivienda, hacen que el poder adquisitivo de los salarios se vea significativamente mermado, en una espiral creciente que el sindicalismo debe atajar, sin duda, a través de una negociación colectiva que permita la recuperación del poder adquisitivo; pero no es menos cierto que una posición ofensiva por parte del sindicalismo debe tener como objetivo comprometer al Gobierno en la profundización del Estado del Bienestar en nuestro país, de impulsar en el marco de un modelo social europeo sostenible y perdurable la articulación de un modelo social en nuestro país.
Es ahí donde también tiene mucho que decir el sindicalismo de clase, reforzando la acción general, es decir, su vertiente sociopolítica, haciendo del diálogo social una prioridad real, con contenidos sustantivos, promoviendo negociaciones y, eventualmente, acuerdos que incidan, configurándola como un derecho, sobre la garantía efectiva en el acceso a bienes y servicios básicos para el conjunto de la sociedad y, significativamente, para sus sectores más vulnerables al riesgo de pobreza y exclusión social, no desde una concepción asistencial, sí desde la concepción de cohesión y equidad que está en la base del modelo social europeo.
Un modelo que también está siendo presionado por los efectos de la globalización, significativamente por los fenómenos migratorios, porque en la medida en que el gasto social de los distintos países se incrementa muy por debajo de lo que lo hace su economía, los grupos sociales más desfavorecidos, entre ellos la población inmigrante, compiten por algunas prestaciones sociales, generándose así no sólo una ampliación del empobrecimiento social, sino también fenómenos inducidos de xenofobia y racismo o, lo que es lo mismo, la materialización de una nueva fragmentación social.
El sindicalismo tiene pues que hablar, decididamente, de gasto público, y para hacerlo tiene que hablar de fiscalidad, y tiene que hablar de estos temas porque, sin duda, tiene mucho que decir en la medida en que política fiscal, salario directo y salario diferido, siempre van de la mano: si la capacidad de recaudación del Estado es menor, los servicios públicos y los sistemas de protección social se debilitan, lo que deriva en unos servicios y unos niveles de protección social de mínimos, rayando el concepto de beneficencia.
Los servicios públicos y los sistemas de protección social no han sido, desde una perspectiva histórica, una concesión: son un logro de la clase trabajadora, y corresponde por tanto a los propios trabajadores su defensa y su ampliación. Por eso tampoco aquí el sindicalismo puede plantearse una posición tibia o residualista; por el contrario, debe ser capaz, en primer lugar, de rebatir los argumentos neoliberales con relación a la bondad de la “colaboración” entre lo público y lo privado en la prestación de servicios públicos, como debe acometer una auténtica labor de pedagogía sindical que traslade a los trabajadores y trabajadoras, al conjunto de la ciudadanía, el auténtico calado, mensurable incluso en términos de niveles de pobreza, que tienen los servicios públicos, los sistemas públicos de protección social.
Por eso el sindicalismo no puede mirar hacia otro lado cuando se plantean políticas desfiscalizadoras que, a la postre, no sólo están cambiando servicio por mercado, sino que, además, imposibilitan que se acometan otra serie de inversiones necesarias para compensar los graves déficit que aún existen en nuestro país, y que son determinantes para garantizar la sostenibilidad de los servicios públicos y los sistemas de protección social en la medida en que lo son para garantizar la sostenibilidad del propio crecimiento económico.
En función de todo ello, el sindicato tiene que abordar también sus propios retos como sujeto, sus retos organizativos, que deben ser afrontados desde el principio de la confederalidad, en el buen entendimiento de que cuando hablamos de confederalidad no estamos aludiendo sólo ni principalmente a una estructura, a un conjunto de normas o reglas por el que se vinculan distintas organizaciones entre sí; confederalidad es, ante todo, representación general de los derechos e intereses de los trabajadores, partiendo de su diversidad, defendidos y promovidos desde un programa compartido, e inspirado en valores que identifican al sindicato y lo diferencian de otras organizaciones, con capacidad para presionar, negociar y acordar, con capacidad para unir voluntades políticas y sociales.
Confederalidad que requiere situar la participación en el centro del discurso y de la práctica sindical, porque la práctica sindical, los modos de hacer del sindicalismo, los procesos de movilización, de negociación, la toma de decisiones, precisan de un proceso de construcción participada, que es lo único que legitima la representación, porque, si no, la representación se convierte en suplantación.
Este llamamiento a la participación cuenta, sin embargo, con afrontar otro gran desafío para el sindicalismo; un desafío que podemos caracterizar como la superación de un cierto alejamiento de determinados colectivos de trabajadores y trabajadoras respecto a las estructuras sindicales, precisamente de aquellos sobre los que la fragmentación del mercado de trabajo ha supuesto una mayor precarización, y para los que los procesos de identificación, tanto de los propios trabajadores entre sí, como de los trabajadores con el sindicato, cuentan con más dificultades que en épocas anteriores.
Pero precisamente sólo a través de la participación seremos capaces de identificar los intereses de los trabajadores, a veces contrapuestos entre sí, de elaborar planteamientos de síntesis que sepan articular las diferencias en un planteamiento general, de organizar a los trabajadores desde un planteamiento emancipador, por lo tanto, consciente y crítico, alejado del creciente protagonismo que en el sindicato está adquiriendo la “cultura de lo fugaz”, que se materializa en acciones puntuales que, sin embargo, no se dotan de una continuidad necesaria en la medida en que no están articuladas en una estrategia sindical.
Soy consciente, de otra parte, que realizo esta intervención a escasos meses de la realización del 9º Congreso Confederal de CC.OO. Creo que la celebración del Congreso es el mejor momento para reforzar el debate, la participación, y con ello impulsar el protagonismo sindical, poniendo al sindicato a la ofensiva.
El 9º Congreso de CC.OO. se va a realizar en un escenario de creciente desaceleración de la economía, de crecimiento también del desempleo, pasando el sector de la construcción de motor, a lastre de la economía.
La desaceleración del crecimiento económico, las previsiones del Gobierno pasan del 3’1 por ciento para este año 2008, al 2’3 por ciento. El desempleo con datos de la Encuesta de Población Activa (EPA), se ha situado en el 9’7 por ciento, una cifra sin duda preocupante. El crecimiento del desempleo está afectando básicamente a los sectores de la construcción y de los servicios.
Este proceso de desaceleración debería ser un punto de inflexión hacia un nuevo modelo productivo, económico, social y medioambientalmente sostenible. Y ello conlleva orientar tanto la inversión pública como la privada, hacia actividades de mayor valor añadido.
Efectivamente, no estamos en una crisis en términos económicos, ya que para hablar de crisis económica deben producirse tres trimestres consecutivos de tasas negativas de crecimiento del Producto Interior Bruto, pero sí se puede hablar de crisis en términos gramscianos: “cuando lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer”.
En este sentido, es muy preocupante que el creciente -aunque insuficiente todavía- esfuerzo en Investigación, Desarrollo e innovación de nuestro país, se esté realizando casi exclusivamente por el sector público. El reparto entre I+D+i en España entre el sector público y el privado es inverso al de los países europeos más avanzados. En nuestro país las empresas apenas representan un 25 por ciento del gasto global en I+D+i.
En este escenario hay que ganar en capacidad de propuesta y de iniciativa, para un momento en el que la acción del sindicato es fundamental en materia de empleo.
Como lo es también para un Congreso en el que el debate y la reflexión se tienen que imponer.
Un Congreso, el 9º de la Confederación Sindical de CC.OO., que ha de abordar nuevas respuestas sindicales y organizativas a los cambios que se vienen produciendo en materia de organización del trabajo, a los procesos de descentralización productiva, como a los que se desprenden de la existencia de nuevos colectivos, de una sociedad más diversa, y de la emergencia de nuevas necesidades sociales.
Una prioridad sindical es el que se acometa un cambio acelerado y profundo del modelo de crecimiento económico en el que se ha venido sustentando nuestro país. Un cambio que haga girar la actual estructura económica hacia la economía productiva, con mayúsculas, lo que exige, a la vez, del desarrollo de políticas industriales basadas en la inversión, el desarrollo y la innovación tecnológica, por consiguiente, en la formación, porque sólo sobre ese modelo se puede reconstruir un mercado de trabajo con mayores niveles de estabilidad y, consecuentemente, con menor fragmentación y precariedad, lo que, de hecho, se convierte en la base para mayores niveles de productividad y competencia de las empresas.
Ello exige también abordar sin dilación el actual proceso de individualización de las relaciones laborales, su mercantilización en el extremo, y los fenómenos de precarización que esto conlleva; fenómenos que están creando una situación de auténtico empobrecimiento y de reforzamiento de la situación de subordinación, para un número nada despreciable de trabajadores y trabajadoras a los que, precisamente, el sindicato tiene que dar respuesta.
La negociación colectiva debe ser objeto de una nueva orientación que le permita poner en valor todo su potencial regulativo, dando respuesta a los fenómenos de descentralización productiva, externalización y subcontratación; fenómenos todos ellos que, además, están muy vinculados a la existencia de empresas de carácter global, lo que de hecho se convierte en un gran desafío para el moviendo sindical, que tiene que reformular estructuras organizativas y también nuevas estrategias sindicales.
Y, simultáneamente, más sindicato en la empresa, más presencia en la pequeña empresa, a la que habrá que dotar de estructuras estables, para conseguir con ello estabilidad en la presencia del propio sindicato en la misma, de unos mayores niveles de coordinación y también de formación sindical.
Más sindicato en la empresa, para ganar en capacidad de iniciativa, en poder contractual, en poder de negociación, para el desarrollo de la acción sindical, en la relación con los trabajadores, en afiliación.
Nuevos derechos para el sindicato, tanto en la gran empresa, como en la mediana y en la pequeña. Derechos que van a requerir de cambios en la Ley Orgánica de Libertad Sindical, por el lado de la norma, por tanto; pero también a través de la negociación colectiva.
Más sindicato en la empresa, para más sindicato en la sociedad. Este doble anclaje que en términos organizativos representan las estructuras de rama y de territorio, sigue siendo básico e insustituible para el desarrollo de un sindicalismo de carácter confederal, para representar y defender los intereses generales del conjunto de los trabajadores.
Hay que abordar también el necesario impulso para articular y desarrollar un modelo social para nuestro país, que amplíe las políticas públicas de bienestar, que vertebre e integre las existentes, que supere los déficit que en Estado de Bienestar siguen existiendo con relación a los países más avanzados de la Unión Europea.
Y hay que hacerlo a la ofensiva, para derrotar a los críticos con el Estado de Bienestar, y a los defensores del neoliberalismo, aquellos que como viene ocurriendo en algunas Comunidades Autónomas, gestionan servicios públicos sin creer en ellos, desmontándolos en parte, abriendo las puertas a la iniciativa privada.
Una ofensiva desde el convencimiento de que modelo social es Estado de Bienestar, Seguridad Social fuerte, negociación colectiva y Normas laborales, y no otra cosa, no es sólo fundamental por sí mismo, sino que es una fuente de ventajas competitivas: garantiza la solidaridad, amortigua el impacto adverso del cambio, estimula la responsabilidad de las empresas, y promueve las oportunidades de empleo estable y de calidad.
Afrontar estos retos de manera solvente pasa necesariamente por un incremento cualitativo y cuantitativo de la participación, concibiéndola no como un objetivo, sino como el suelo en el que se asienta la vertebración de una organización, singularmente de una organización como CC.OO.
Y a los retos sindicales presentes y futuros, a los nuevos espacios de intervención sindical que hay que impulsar, hay que añadir la exigencia de la formación sindical, que tiene que dejar de ser algo secundario en el quehacer diario, que debe contribuir a cualificar a la organización y a las centenares de miles de personas que a ella están afiliadas.
Un mundo en continua evolución, tanto en el terreno tecnológico como en el económico, social, político y cultural, exige del sindicalismo que sepa transformarse, que afronte nuevos retos, que incorpore nuevas dimensiones a su acción sindical, que incorpore a nuevos colectivos también, que conquiste nuevos espacios de intervención.
Por muy complejo que sea el hecho social, por muy fragmentada que esté la clase trabajadora, por muy diversos que sean sus intereses, por muchas formas que adopte el conflicto, el sindicalismo no puede renunciar a su protagonismo.
Un protagonismo que no puede quedarse en la superficie de los acontecimientos, sino que tiene que hacerse cada vez más denso, ganando en extensión, pero ganado sobre todo en profundidad. Una organización sindical no puede caer en la autocomplacencia, ni en el resistencialismo, porque ambos, autocomplacencia y resistencialismo, son las dos caras de la misma moneda; ambos carecen de horizonte, ambos, en el fondo, son inmovilistas.
Y para ello es preciso definir una estrategia sindical; una estrategia que sirva para impulsar el protagonismo sindical, para ganar en capacidad de propuesta, de iniciativa, en poder contractual, para dar nuevas respuestas organizativas.
En definitiva, sólo desde el fortalecimiento inteligente, valiente y plural del sindicato, se puede afrontar el sindicalismo de hoy.
FUNDACIÓN SINDICAL DE ESTUDIOS.
MAYO DE 2008.
miércoles 14 de mayo de 2008
Rodolfo Benito: El sindicalismo de hoy
sábado 10 de mayo de 2008
Marcelino Camacho: "Si volviera a empezar, volvería a hacer otra vez lo mismo"

El antiguo presidente del sindicato ha sido homenajeado esta mañana en la sede del Partido Comunista de Aragón y no en la fiesta del Parque Grande debido a la lluvia.
El histórico sindicalista Marcelino Camacho dijo hoy, antes de recibir un homenaje del Partido Comunista de Aragón, que su vida no ha cambiado para "ganar algo o no ganar" y que si volviera a empezar "volvería otra vez a hacer lo mismo".
Marcelino Camacho, fundador, ex secretario general y antiguo presidente de CC.OO, que cumplió noventa años en enero, llegó acompañado por su mujer, Josefina Samper, al homenaje que se celebró en la sede del partido, ya que en principio estaba previsto que tuviera lugar en el Parque Grande de la capital aragonesa pero tuvo que suspenderse por la lluvia.
Antes de comenzar el acto, manifestó que el homenaje tiene "el valor que tiene toda una vida". Recordó que comenzó en UGT pero que pensaron que "había que crear un sindicalismo de clase más combativo" y surgió una comisión de trabajadores y mineros, que desembocó en una central sindical, Comisiones Obreras, de la que tiene el carné número uno, dijo.
"Mi vida no ha cambiado, tengo el Premio de la Coherencia, que me han dado últimamente", señaló Camacho. El homenaje a Marcelino Camacho, al que asistieron un centenar de personas, se celebró en el marco de la fiesta anual del Partido Comunista de Aragón que este año lleva por lema "Democracia, Revolución, Comunismo".
LOS ASISTENTES AL HOMENAJE
Al mismo asistieron diferentes representantes sindicales como Jorge Aransanz, de la Ejecutiva de CCOO Aragón; Julián Loriz, secretario general de UGT Aragón; José María Pina, secretario general de OSTA y Jesús Cuartero, secretario general de USO Aragón, además del coordinador general de IU en la Comunidad Autónomas, Adolfo Barrena.
Con este acto, el Partido Comunista de Aragón quiso mostrar a Marcelino Camacho y a Josefina Samper el cariño de todos los trabajadores aragoneses y reconocer su figura histórica, dijo a efe su secretario general Raúl Ariza.
Además, agregó Ariza, es un reconocimiento a un símbolo vivo de la lucha de la clase obrera y del movimiento sindical, un estandarte del movimiento obrero en el estado español, un ejemplo de lucha y compromiso, por lo que merece un reconocimiento amplio de la sociedad y organizaciones sindicales.
EL PERIÓDICO DE ARAGÓN.
Zaragoza, 10 de mayo de 2008.
jueves 8 de mayo de 2008
sábado 3 de mayo de 2008
IX Congreso de CCOO: el momento del debate

Manolo García Morales.
Secretario General de FECOHT de CCOO-Andalucía y responsable de la Secretaría del Mundo del Trabajo del Partido Comunista de Andalucía.
En breve comenzara el debate público de las ponencias congresuales de CCOO. Se quiere que el millón doscientos mil afiliados y afiliadas tengan en el mes de Junio las propuestas programáticas que empezaran a discutirse en todas las organizaciones de base desde el 1 de Septiembre para concluir en el congreso a finales de diciembre. La novedad es que, una vez conocida por toda la afiliación estas propuestas, se podrán dirigir directamente a la comisión de ponencias, propuestas o textos que deberán examinarse para el enriquecimiento de ellas.
Para quienes conciben el mundo del trabajo, las relaciones de producción como la cuestión central de la sociedad, el debate es apasionante. Se debaten todos los grandes temas que preocupan a los trabajadores y trabajadoras. Entre otros: el avance hacia el empleo estable, la salud laboral, la igualdad, la educación, la vivienda, la Seguridad Social, la política fiscal, la sanidad, los servicios públicos, la migración, las pautas de la negociación colectiva, la acción sindical internacional, la construcción europea, la lucha por la paz, el modelo productivo, el desarrollo sostenible, la organización y las estructuras que debe dotarse el sindicato para la mas amplia participación de la diversidad de la clase obrera actual.
La militancia comunista que trabaja en el frente sindical de CCOO debería tener en cuenta en el proceso que se abre lo siguiente:
1. Es una ocasión única, (porque se repite de tarde en tarde) para debatir directamente, primero en los centros de trabajo y en las asambleas de zona, y luego en las estructuras de cuadros, las propuestas que hacemos de política sindical. Tenemos la ocasión, de influir con nuestras ideas en un debate amplio de masas, que no viene determinado por la agenda que nos marcan los medios de comunicación. Ciertamente aunque la convocatoria para el debate es general, muchos compañeros y compañeras son reacias a participar en el. Tenemos que sumarnos a la tarea de que participen y opinen el mayor número de compañeros y compañeras.
2. Barricadas de ideas, que no de piedra como decía José Martí. Es el momento de afilar nuestras propuestas, de dar nuestras explicaciones, de contraponer argumentos. Es el momento de esforzarnos en el estudio. El problema no es perder votaciones, el problemas es perder los debates, no saber argumentar nuestras razones. Si conquistamos las ideas, conquistamos los corazones. O como decía Lenin, sin teoría (revolucionaria) no hay práctica (revolucionaria).
3. Al debate tenemos que ir con un espíritu constructivo. Se trata de acotar las diferencias (ya se han señalado algunas clásicas de los últimos años, acuerdos generales por la estabilidad en el empleo, acuerdos de moderación salarial, aceptación de recortes de seguridad social, aceptación como mal menor de una construcción europea de corte neoliberal, déficit democráticos en el funcionamiento de la organización etc.), pero también de señalar las coincidencias que permiten una acción común y unitaria por los intereses inmediatos de nuestra clase. Señalar las diferencias y las coincidencias, y también saber escuchar. Los compañeros y compañeras tienen cosas que decir, tienen su propia experiencia acumulada, problemas detectados, propuestas que hay que recoger e integrar en el debate.
4. El debate debe servir para fortalecer al sindicato no para debilitarlo, para unirlo no para dividirlo, para armarlo de conceptos y estrategias, no para paralizarlo. Tenemos que intentar que nuestras ideas y nuestra influencia avancen, pero tiene que quedar claro que nuestro objetivo es el fortalecimiento de la herramienta sindical para defender los intereses de la clase y no otros. Mas en unos momentos donde “negras tormentas agitan los cielos” y nos esperan momentos difíciles de ataques contra el empleo, los salarios, los derechos y la protección social.
Los sindicalistas, las sindicalistas, del Partido tienen que ponerse manos a la obra. Toda la militancia que tenga algo que aportar también. El esfuerzo merece la pena. El trabajo en el Movimiento Obrero, con tareas concretas como esta son las que que ayudaran a la reconstrucción de Izquierda Unida y a la revitalización del PCE, como referentes políticos con capacidad de intervención en la actual lucha política, que sigue siendo lucha de clases.
MUNDO OBRERO.
MAYO DE 2008.
viernes 2 de mayo de 2008
Centenares de miles de personas se manifiestan el 1º de Mayo para pedir más igualdad y mejores salarios

Fidalgo, en el 1º de Mayo, defiende la mejora de los salarios y advierte que los sindicatos no permitirán que se recorten los derechos sociales.
Miles de personas – más de 25.000 sólo en Madrid- se han manifestado en decenas de ciudades españolas durante la celebración del 1º de Mayo. En su discurso al término de la manifestación de Madrid, que encabezó junto a Cándido Méndez, el secretario general de CCOO, José María Fidalgo, reivindicó salarios dignos e igualdad entre hombres y mujeres, jóvenes y trabajadores mayores, y entre nacionales e inmigrantes, al tiempo que apostó por una economía centrada en inversiones no especulativas y “no en el ladrillo”.
El secretario general de CCOO defendió la mejora de los salarios porque no retribuir bien a los trabajadores "es atentar contra la primera riqueza del mundo, que no es el dinero de los bancos ni el ladrillo". Para Fidalgo, el actual modelo de crecimiento es "inmoral" porque se basa en dos grandes mentiras: la de vender un bien básico como la vivienda a precios inasequibles y la de la "usura", es decir, la de impulsar el crecimiento económico a través del endeudamiento de las economías familiares.
En este sentido, aseguró que el Gobierno y los sindicatos están decididos a cambiar el rumbo de este modelo que, en todo caso, debe apoyarse en la primera riqueza de un país, la del trabajo. "Cuando el trabajo es de quita y pon y se maltrata a los trabajadores se cae en la pobreza y se cae la economía. Si el trabajo no está arriba, esto se hundirá cada diez años y los trabajadores siempre serán las víctimas de este ciclo inmoral", denunció Fidalgo.
Respecto a la petición del presidente de la patronal catalana, Joan Rosell, para que los salarios se vinculen a los beneficios empresariales, ironizó que debería publicarse en la primera página de las revistas satíricas 'El Jueves' o 'Hermano Lobo'. 'Ahora hay que socializar la caída de los beneficios', dijo el secretario general de CCOO.
Ante la desaceleración que está viviendo la economía española, tanto José María Fidalgo como Cándido Méndez en los discursos que cerraron la manifestación del 1º de Mayo, señalaron que pedirán al Gobierno que garantice la protección a los desempleados, que mejore los servicios públicos de empleo y la coordinación entre las comunidades autónomas a través de una nueva Ley General de Empleo.
CCOO
sábado 26 de abril de 2008
Manifiesto 1º de mayo del PSUC viu

1º DE MAYO : POR UN TRABAJO DIGNO Y CONTRA LA PRECARIEDAD LABORAL
Desde el PSUC viu celebramos el 1º de mayo, día de la clase trabajadora, con la voluntad de contribuir en la defensa de una sociedad más justa y solidaria. Una necesidad que en el marco de las relaciones laborales requiere en la actualidad de un mayor compromiso por parte de la izquierda política y sindical en un momento de incertidumbre en lo económico y social. No en vano, año tras año, constatamos una realidad irrefutable : nuestro mercado de trabajo se sustenta en la precariedad, en la moderación salarial, en el aumento de la siniestralidad laboral, en la paulatina desintegración del tejido industrial y en la desregulacion de los derechos sociales.
Se avecinan tiempos de crisis. El crecimiento de la economía durante los últimos años se basó en el impulso de los servicios de consumo y de la construcción inmobiliaria, asentando de tal manera un patrón de crecimiento frágil, especulativo y escasamente productivo. Las consecuencias no se han hecho esperar y a raíz del descenso de la actividad inmobiliaria se ha producido una desaceleración de la economía. Situación que ha provocado en los últimos meses la pérdida de más de 100.000 puestos de trabajo en el sector de la construcción y un incremento del desempleo de 241.000 parados más sólo en el primer trimestre del año. En paralelo, la inseguridad en el empleo y el elevado índice de temporalidad, cerca de un tercio de los contratos laborales en España son eventuales, hacen presagiar una importante subida del desempleo en los meses venideros. Frente a ello, desde el PSUC viu consideramos inaceptable que la crisis la paguen los trabajadores cuando en los años de bonanza económica los beneficios revertieron únicamente en las arcas de la patronal. Recordemos, por ejemplo, que en el último decenio los beneficios empresariales aumentaron en más de un 70% mientras los trabajadores españoles perdían poder adquisitivo.
La crisis la ha de pagar quien la provoca. Es una inmoralidad que el cambio de ciclo económico castigue a la clase obrera y en especial a aquellos colectivos más sensibles y vulnerables. Las mujeres, los inmigrantes y los más jóvenes constituyen los sectores de población asalariada que con más dureza sufren las repercusiones de la recesión económica. Por ello, desde el PSUC viu creemos que se han de articular medidas que refuerzen la cohesión social a fin de evitar la fragmentación y la segregación de la propia clase trabajadora.
Es el momento de invertir el modelo productivo. La economía no puede seguir sustentándose en el sector terciario, proclive a la desregulación y a la moderación salarial. Es una prioridad abogar por el desarrollo industrial potenciando la innovación tecnológica y la incorporación de actividades de mayor valor añadido. Pero tampoco podemos permitir que sea el mercado el que regule las condiciones y los parámetros de la actividad industrial. Desde el PSUC viu hemos reclamado a la administración en los últimos años una política industrial que haga frente a los excesos de las multinacionales. La administración no puede ni debe ser neutra en el conflicto laboral. Ha de intervenir y exigir la responsabilidad social de la patronal en situaciones de cierres de empresas o despidos.
Por otro lado, hacemos extensible nuestro llamamiento a las organizaciones sindicales. Las pasadas reformas del mercado de trabajo y de la seguridad social así como los sucesivos acuerdos de negociación colectiva no han supuesto mejoras apreciables en las condiciones laborales de la clase obrera. La reforma laboral no sólo no consiguió reducir la tasa de temporalidad sino que significó prorrogar de nuevo el abaratamiento del despido. De igual manera, la reforma de las pensiones incrementó en dos años el periodo exigible de cotización para generar una pensión de carácter contributivo, medida que está perjudicando esencialmente a las mujeres. Por último, no podemos avalar una negociación colectiva que un año más apuesta por la moderación salarial con tímidos incrementos salariales del 2% cuando el IPC crece por encima del 4%.
No podemos obviar que una de las consecuencias directas de la precariedad en el trabajo es la siniestralidad laboral. Las cifras son dramáticas y trazan una gran sombra negra sobre el panorama laboral en España y Cataluña. Durante los dos primeros meses de 2008 fallecieron un total de 211 trabajadores en accidente laboral, 25 de ellos en Cataluña, donde se registran los mayores índices de siniestralidad. La realidad social y laboral de Cataluña es preocupante. Cataluña no sólo encabeza las estadísticas en materia de siniestralidad sino que también presenta el aumento más elevado de la tasa de desempleo. Así lo demuestra la Encuesta de Población Activa (EPA) del primer trimestre del año. En Cataluña hay 291.000 parados y entre enero y marzo cerca de 39.000 trabajadores perdieron su puesto de trabajo, lo que representa un incremento interanual del 14,5%, un 3% por encima del resto de la media española. Desde el PSUC viu ya lamentamos en su momento que la prolongación del debate estatutario dejara de lado el debate social y de clase. Cataluña padece grandes déficits sociolaborales y la solución al problema pasa por un cambio en las políticas económicas, fiscales y de ocupación.
La crisis de la economía internacional ha fracturado aún más las diferencias entre los países ricos y pobres. Según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) más de 12 millones de personas en el mundo viven en una situación de esclavitud laboral, ya sea por coacción del poder político o bien de las empresas transnacionales. Son los estragos de una globalización desmesurada y que sobrevive gracias a las grandes desigualdades sociales que crea. El neoliberalismo al dictado del Banco Mundial y del FMI ha sumido en la extrema pobreza a millones de personas nutriéndose del expolio del tercer mundo y de las guerras que surgen de la necesidad de perpetuar el modelo económico de acumulación capitalista. Al mismo tiempo, no podemos olvidar que en un país como Colombia se han asesinado a 23 sindicalistas en lo que llevamos de año, una cifra dramática que pone de manifiesto los riesgos que corren los representantes sindicales en algunos países.
La deriva hacia políticas neoliberales en el seno de la Unión Europea pone en tela de juicio la pervivencia de un estado del bienestar cada vez más deteriodado. La liberalización de los servicios públicos antepone la rentabilidad económica a la protección social y a las necesidades de millones de trabajadores y trabajadoras. Las directrices del Libro Verde sobre derecho laboral y flexiseguridad sientan las bases para revisar la legislación laboral vigente acomodando los modelos clásicos de contratación a favor de una legislación más flexible y recepetiva a las exigencias de las multinacionales. Asistimos al desmantelamiento del estado social europeo. Generar la ofensiva por unos salarios dignos y por una Europa social, de progreso y sostenible es un objetivo inmediato y lo ha de ser tanto para el movimiento sindical europeo como para las formaciones políticas de izquierda.
La resistencia al neoliberalismo es posible. La victoria electoral de la izquierda en Paraguay amplía el abánico de países en América Latina que caminan hacia un sistema económico más justo y sensible a las demandas populares. En Europa, el triunfo electoral de AKEL en Chipre y el éxito de Die Linke en las últimas elecciones regionales celebradas en Alemania reafirman el peso de la izquierda y la vigencia de nuestro proyecto. Por nuestra parte, desde el PSUC viu no cejaremos en nuestra aspiración por acabar con las desigualdades de clase considerando la contradicción capital-trabajo la principal de nuestras tareas. Un análisis que nos lleva a no aceptar un sistema económico que causa miseria y exclusión social. Frente al neoliberalismo proponemos nuestra propia concepción de la economía, socialmente transformadora, de defensa de los servicios públicos, del pleno empleo y de la estabilidad laboral, y dependiente, en definitiva, de las necesidades de los trabajadores y trabajadoras.
!VIVA EL 1º DE MAYO, DÍA DE LA CLASE TRABAJADORA!
Secretaría del Mundo del Trabajo del PSUC viu.
Mayo de 2008.
viernes 25 de abril de 2008
El sindicalismo ante las nuevas realidades sociales

Agustín Moreno Garcia, miembro de la Comisión Ejecutiva Confederal de CCOO, pronuncio una conferencia, dentro del ciclo ‘Dialógos sobre política síndical’, el 24 de abril en la Fundación Sindical de Estudios.
Empezó su intervención con una afirmación rotunda: “Estamos en un momento histórico en el que el desarrollo de las fuerzas tecnológicas y productivas ha alcanzado un grado tal que permitiría alimentar y satisfacer las necesidades fundamentales de las personas”, sin embargo el mundo en el que vivimos, “un mundo capitalista, nada altruista”, provoca grandes desigualdades, conflictos, y pugnas de mercado. “Hay una ideología neoliberal que produce ataques a Estado Bienestar, a los servicios públicos, que busca la máxima rentabilidad del capital y genera situaciones complicadas y nos coloca ante retos nada sencillos para el movimiento sindical”.
A continuación realizó un análisis de la situación sociolaboral, subrayando “la precariedad laboral y la exclusión social derivadas de los ataques neoliberales al derecho del trabajo y al Estado de Bienestar; además estamos frente a una juventud fuertemente dualizada, que combina altas cualificaciones académicas con fuerte fracaso escolar, y demandas de mayor participación con pasotismo; una sociedad que vuela torcida como un pájaro de un solo ala, mientras las mujeres sigan discriminadas; una sociedad cada vez más plural e intercultural por el rápido aumento de la inmigración, no exento de tensiones; una sociedad que ante el desastre medioambiental o no tiene conciencia del mismo y sigue anclada en el paradigma del consumismo feroz o exige drásticas medidas y empieza a modificar radicalmente sus hábitos de vida”.
Hizo un repaso a lo que supuso en liberalismo desde los años 30 hasta la actualidad, donde el capitalismo se ha transformado, se ha vuelto más global y se esta modificado la situación de poder el mundo y también la situación dentro de cada país. “en nuestro caso afecta en el terreno de las relaciones laborales en la entrada, salida y gestión necesita flexibilidad”
El mundo vive una situación complicada, “si se toca una pieza se generan consecuencias en otros planos” y puso como ejemplo la crisis energética y la búsqueda de otras energías como los biocombustibles, que empieza a producir hambrunas, “estamos ante un embrión de capitalismo que es posible que tenga características diferentes a los del pasado, va a actuar en mercados cada vez más libres, con mínima reglamentación laboral, se mantendrán diferencias entre sectores y clases y entre países y muchos y graves movimientos de población”
En España la economía ha crecido durante los últimos tiempos, sin embargo no se han resuelto déficit social y laboral, “no se ha utilizado para reducir el diferencial que tenemos con la Europa 15 en gasto social publico” y esto se nota en pensiones, sanidad educación, atención a la infancia, a la dependencia. “El déficit social es incomodo y no nos gusta mirarnos. Son malos los resultados del esta política que dialogo social que hemos venido practicando”.
Analizó algunas características de la sociedad abierta, amplia, “es una sociedad abierta mujeres, inmigrantes, donde se han dado pasos importantes, Ley de Igualdad, “pero las leyes no bastan”. Hay que actual en la acción sindical, en el convenido, para evitar segregaciones, techos de cristal. A proposición de la igualdad resalto que además de las medidas en el trabajo y en la sociedad era importante el reparto tareas domesticas, “núcleo duro de la igualdad. La igualdad empieza en casa”.
En relación a los emigrantes considera que es necesario afrontar, organizar, afiliar y dar participación en la acción sindical. No se pueden poder puertas al campo, España tiene que ayudar a los países del tercer mundo y suscribir legislación y convenciones y tiene que asegurar que se cumplen normas y legislación, asegurar que los trabajadores inmigrante tienen derechos sociales y laborales. Subraya que “el intento de frenar la inmigración solo ha supuesto incremento la economía sumergida”
Otro de los bloque de su intervención se centró en analizar el papel y las líneas de trabajo de lo define como “sindicalismo necesario”, y es que en su opinión el papel del sindicato debe ser una combinación de su rol clásico y otras funciones nuevas, “debe de ser compensador de desigualdades, defensor de derechos sociales y laborales, redistribuidor de riqueza, impulsor de mayores niveles de democracia, integrador social y sindicato sociopolítico”, que tiene que oponerse a las nuevas agresiones al derecho del trabajo y a los servicios públicos, y también debe formular alternativas y propuestas.
Sobre las reformas laborales realizadas en los últimos años afirmo “las reformas han debilitado y restado credibilidad ante sectores importantes”, y propone “salir de esa trampa, se impone un cambio importante en la estrategia sindical en el presente”.
Considera que hay que plantear propuestas progresistas, tales como impulsar un orden internacional mas justo, globalización derechos, creación empleo de calidad seguro con protección social, política salaria ofensiva, fiscalidad más progresiva, sistemas universales de protección, cumplimiento de la legislación de la regulación laboral, combate contra cualquier forma de discriminación, desarrollo Formación Profesional integral, que recupere jóvenes que necesitar formarse más, regular los flujos migratorios con permiso residencia, y lucha con deterioro medioambiental… pero “Esto no sucede si no hay cambio en la estrategia y movilización, rearme ideologico de los trabajadores y recuperación de la acción sindical que consigue objetivos y no pierde de vista la capacidad de transformación”
Otra parte importante de su intervención la centro en definir “ser sindicato hoy pasa por una apuesta muy fuerte por la democracia sindical”, considera que lo que define a un sindicato es su “carácter reivindicativo, sin reivindicar no es un sindicato, es otra cosa”.
Sobre la independencia, y la autonomía del sindicato, señalo que en la actual sociedad esta independencia debe darse frente “al intento de institucionalizar por parte del Estado”. Defendió la unidad sindical y la política de alianzas, con sindicatos y organizaciones, movimientos antiglobalización anticapitalistas. Resalto la dimensión internacional del sindicalismo y la extensión de derechos sindicales en todo el mundo, también hablo de la necesidad que el sindicato tiene de “regenerarse”, ya que el movimiento sindical, “tiene síntomas de enfermedad, incapacidad para renovarse, para representar a nuevos colectivos, no lleva iniciativa, exceso institucionalización que nos aleja de las bases. Plantearse la regeneración como tarea de futuro para superar posibles pérdidas de credibilidad”.
Sobre el IX Congreso Confederal resalto que es urgente un cambio “En la dirección de recomponer consensos en torno a otra línea y a otro equipo. Es decir, recuperar la firmeza y reivindicación; reconocer la pluralidad y gobierno del sindicato por todos; asegurar la democracia, la participación; impulsar la renovación; garantizar un modelo organizativo equilibrado entre ramas y territorios y entre comités de empresa y Secciones Sindicales; defender el carácter sociopolítico y su adecuación a las nuevas realidades productivas, sociales y laborales”. Afirmo que aunque no es fácil la idea de regeneración “es necesaria para estar a la altura de las circunstancia” y descubrir la utilidad del sindicato al máximo numero de jóvenes. En su opinión la situación en la que vivimos puede empeorar y en esa situación “tenemos la obligación de ser optimistas, y tener proyectos”.
Fundación Sindical de Estudios
25 de abril de 2008.
sábado 19 de abril de 2008
Ante la crisis, lucha de clases

Albert Miralles Güell.
Secretaría del Mundo del Trabajo del PSUC viu.
HACIA LA CONFERENCIA DEL MUNDO DEL TRABAJO DEL PCE
Durante meses hemos ido conociendo un goteo de noticias que nos hablaban de la crisis. Ya esta aquí, entre nosotros, dispuesta a seguir el guión que la derecha liberal y la izquierda reformista tienen escrito para estos casos. Que la crisis la pague la clase trabajadora y las clases populares. La crisis termina con un largo ciclo de crecimiento económico, que ha servido para multiplicar los beneficios empresariales, tener superávit en los presupuestos públicos, para rebajar impuestos (IRPF, empresas). Un largo ciclo de crecimiento económico que ha conocido un incremento bestial de la explotación de la clase obrera, traducido en bajos salarios, perdida de poder adquisitivo, reducción del peso de los salarios y pensiones en la renta nacional, una siniestralidad record entre los países de la UE, una precariedad laboral sin parangón, la subcontratación como estrategia de abaratamiento de costes laborales, una economía sumergida basada en la explotación de la mano de obra inmigrante sin papeles, una privatización de lo publico y una aplicación sistemática de la gestión privada de lo publico, entre muchas otras cosas.
Todo este ciclo termina en paz social, que quiere decir paz laboral, paz sindical, paz política. Pocas luchas, poco conflicto social y político ante este incremento de la explotación. No valen excusas, l@s que nos consideramos comunistas (y todos los sectores mas cercanos en su concepción anticapitalista o antisistema) debemos reconocer que no hemos estado a la altura de las circunstancias en este período, que debería haber concluido con mejoras en la rentas salariales y las pensiones, en mejoras del estado social y de derecho, de las condiciones de vida y trabajo de la clase obrera y de las clases populares, en una política fiscal progresista, en un avance del estado del bienestar, en una mejora de la protección social. Todo el terreno que no hemos ganado en el ciclo de crecimiento ahora nos haría falta para resistir en mejores condiciones los embates de la crisis, habrían sido un colchón social y económico frente a la crisis.
Ahora veremos como crecen los impuestos indirectos, como se justifican las políticas antisociales, como se argumenta la congelación salarial, como se bajan de nuevo los impuesto, sobre todo el de sociedades, como se financia con dinero publico al sistema financiero, porque ser empresario es correr un riesgo que el papa estado debe soportar para evitar descalabros mayores, se seguirá subvencionando a las empresas, y mas y mas desprotección social… Y l@s comunistas, ¿que vamos a hacer ahora?¿Seguiremos encerrados en el partido viendo lo mal que va todo?¿Seguiremos deshojando la margarita de IU y de sus circunstancias y de sus posibilidades?¿Seguiremos conformándonos con explicar lo mal que lo hacen los demás?¿Tendremos la suficiente confianza en nuestro proyecto político, en nuestro partido, para encarar este reto?
L@s comunistas hoy tenemos una obligación y una responsabilidad ante la clase obrera de este país y ante nosotros mismos, que no podemos aplazar para resolver primero nuestras cosas. L@s comunistas debemos ser cuanto antes la palanca de movilización para la defensa de los derechos económicos, sociales y políticos de la clase obrera y de las clases populares.
En primer lugar hemos de caracterizar la crisis, el marco en el que nos tocara desarrollar la lucha de clases en el próximo periodo. Para condenar una vez mas y con todos los elementos necesarios el sistema de explotación capitalista, su lógica y sus consecuencias, pero también para situar nuestras políticas alternativas o correctoras ante la crisis. Hemos de poner a punto nuestras propuestas políticas para las reformas laborales, sociales y económicas que l@s comunistas consideramos necesarias y empezar a explicarlas en todas partes y por todos los medios a nuestro alcance, sin olvidar que este 2008 es un año congresual en CC.OO.
Este ejercicio de análisis del nuevo marco económico, de concreción de nuestras propuestas, de puesta en marcha de procesos de explicación en todas partes son las tareas mas importantes en este momento y por lo tanto las que debe priorizar todo el partido, su dirección, sus cuadros y sus militantes, en el próximo periodo, son la dedicación y el esfuerzo fundamental que debemos hacer los comunistas a parir de ahora en este país. Considero necesario y urgente convocar la conferencia de movimiento obrero del PCE, con la consiguiente participación del PSUC viu. Necesario para abordar estas tareas con un debate colectivo de abajo hacia arriba, que de la palabra a cada militante del partido y urgente porque debemos llegar a tiempo a la cita con los congresos de CC.OO., a primeros de septiembre de este año.
De nosotros, de nuestra capacidad, de nuestras propuestas, de nuestro trabajo, dependerá también como desde ahora como se va a gestionar la crisis que ya nos azota. Seremos responsables de nuestros aciertos o de nuestros errores, pero no tendría ninguna justificación que no dedicáramos prioritariamente nuestros esfuerzos colectivos e individuales a esta tarea, la defensa de los intereses de la clase obrera ante la crisis.
Si alguien todavía tiene dudas, que mire los resultados electorales de España y de Italia y se convencerá de que debemos “pegarnos al terreno”, a la clase. Si esto lo hacemos bien, todo lo demás se nos dará por añadidura.
Abril de 2008.
martes 15 de abril de 2008
Manifiesto del 1º de mayo del PCE

Comité Federal del PCE.
12 de abril de 2008.
El Partido Comunista de España celebra el Primero de Mayo como una jornada reivindicativa y de ofensiva. Rememora los hechos históricos de Chicago y todas aquellas acciones de lucha que a lo largo de la historia han contribuido a la conquista de nuevos derechos para los trabajadores y las trabajadoras, por su emancipación y por la consecución de un mundo mejor.
El PCE sigue empeñado en el combate contra un modelo capitalista globalizado que profundiza las desigualdades entre los países, empobreciendo y explotando grandes áreas del planeta, llevándoles si es preciso a la guerra para despojarles de sus recursos naturales.
Este 1º de mayo viene marcado por la aprobación del nuevo Tratado para la Unión Europea que sigue profundizando en la aplicación de políticas neoliberales con la privatización y desmantelamiento de los servicios públicos al dictado de los potentes grupos económicos y financieros. Europa camina hacia el incremento de la jornada laboral, nuevas formas de precariedad y flexibilidad laboral de millones de trabajadores y trabajadoras europeas. No nos resignamos, sin embargo, a este modelo basado en las leyes del mercado y seguimos empeñando nuestros esfuerzos por una Europa de progreso económico y social, de cooperación y de paz.
En España, este 1º de mayo se celebra en un contexto de crisis económica y laboral que amenaza el futuro de millones de trabajadores y trabajadoras. La crisis en el sector de la construcción, el aumento de las cifras de desempleo y la desaceleración del consumo interno, son los primeros indicios de la recesión económica que se avecina. Tras una década de suculentos beneficios obtenidos por el capital que no fueron dedicados ni a mejorar las rentas del trabajo ni a cambiar el frágil modelo productivo actual, hoy nos negamos a que la clase trabajadora, de nuevo, pague el coste de esta situación a través de la reducción de los gastos sociales, el recorte de los salarios y el empeoramiento general de sus condiciones laborales.
Las escandalosas subidas de precios de productos básicos, así como la subida de las hipotecas estrangulan a las familias trabajadoras que se ven con enormes dificultades para llegar a fin de mes. Esta escalada inflacionista viene a formar parte de una continua pérdida de poder adquisitivo de los salarios que han visto reducido su peso en la renta nacional (pérdida de más de 13 puntos en las últimas tres décadas, pasando del 67% al 54%) en un contexto de aumento de los beneficios empresariales. Así, desde el año 1999 estos beneficios se han visto aumentados en más de un 70% mientras que el salario medio ha perdido un 4% de poder adquisitivo.
La temporalidad, la precariedad y la siniestralidad laboral siguen siendo el rasgo característico del mercado laboral español que condena a la clase trabajadora, en mayor medida a mujeres y a jóvenes, a salarios infames, a horarios a la carta, a un mayor riesgo de accidentes y a un futuro laboral incierto, consolidando la exclusión y la sobreexplotación intolerable de la mano de obra inmigrante. Las mujeres son las que más padecen la precariedad y el trabajo temporal que conduce, inevitablemente, a unas pensiones mínimas y a la feminización de la pobreza. El cumplimiento de la premisa “igual salario a igual trabajo” debe ser objetivo fundamental del conjunto de los trabajadores del siglo XXI.
La última reforma laboral no ha contribuido a rebajar el alto índice de temporalidad, aún cuando ese decía ser su objetivo. El Gobierno del PSOE no ha puesto en el centro de sus políticas una mayor estabilidad y seguridad en el empleo, mostrando más interés en bonificar a las empresas y en reducir el impuesto de sociedades.
Nosotros rechazamos con rotundidad la inevitabilidad de esta situación y seguimos proponiendo medidas necesarias y justas para el conjunto de la clase trabajadora: reducción de la precariedad en el empleo recuperando la causalidad en la contratación y reduciendo el número de modalidades, jornada de 35 horas sin reducción salarial, recuperación del poder adquisitivo de los salarios, eliminación de las ETTs, medidas de igualdad efectivas, persecución del fraude en la contratación, cumplimiento de las leyes de salud laboral y democratización en la empresa, con igual énfasis que el reconocimiento de iguales derechos laborales, sociales y políticos de los trabajadores y trabajadoras inmigrantes, como única forma de eliminar su sobreexplotación y el dumping laboral ejercido por las empresas.
Este 1º de mayo seguimos renovando nuestro compromiso de lucha por la mejora de las condiciones de vida de la clase trabajadora, por la justicia social, por un reparto justo de la riqueza, por la solidaridad y por un mundo mejor. Manifestamos nuestro total apoyo a las movilizaciones en aquellas empresas con procesos de reestructuración o deslocalización en defensa del puesto de trabajo y a todas aquellas movilizaciones que en la actualidad se desarrollan en servicios públicos como el transporte, la sanidad y la enseñanza en riesgo sistemático de privatización y empeoramiento de las condiciones laborales con consecuencias inmediatas en el deterioro de los servicios públicos que se prestan a la comunidad.
VIVA EL 1º DE MAYO.
VIVA LA CLASE OBRERA.
Nota de prensa del Sector Crítico de CCOO

Ante la información aparecida en algún medio de comunicación (El Mundo, 14 de abril de 2008) donde la cúpula patronal y de los sindicatos emplazan al gobierno a reabrir el debate nuclear para su relanzamiento, el Sector Crítico de CCOO quiere manifestar lo que sigue:
1. La Confederación Sindical de CCOO siempre se ha manifestado en contra de la energía nuclear en sus Congresos Confederales.
2. Las opiniones que pueda tener José María Fidalgo sobre la energía nuclear debe de realizarlas como un simple particular, ya no puede formularlas en nombre del sindicato ni como su secretario general.
3. Es una vergüenza como el lobby nuclear está influyendo en los sectores sindicales y hay que preguntarse sobre a quién representan estos líderes sindicales de CCOO y UGT cuando vienen desarrollando una contumaz e impúdica campaña nuclear.
4. Al mismo tiempo que se presiona al gobierno para que modifique su actual posición, conocemos las secuelas del grave accidente de la central nuclear de Ascó (Tarragona), que va a obligar a investigar la contaminación radiactiva a más de 800 personas. Como siempre que suceden este tipo de situaciones, nos encontramos con la opacidad y el intento de ocultamiento de la gravedad de los hechos a la opinión pública.
5. La disolución del Ministerio de Medioambiente en el de Agricultura y Pesca, con una ministra al frente de baja sensibilidad hacia la sostenibilidad es un hecho preocupante que podía suponer un giro en el futuro en la posición del gobierno en materia nuclear. Por eso el debate no debe darse entre una élite formada por la cúpula sindical, los grandes grupos económicos y el gobierno, sino un amplio debate social sobre los riesgos y limitaciones de la energía nuclear.
6. Para CCOO la situación no ha cambiado y nuestra posición de CCOO no debe de modificarse. No es posible apostar por una energía que:
-Es incapaz de resolver el problema de los residuos que mantienen su extrema peligrosidad durante miles de años.
-Es inviable económicamente y sólo puede subsistir con fuerte subsidios públicos.
-No proporciona a nuestro país independencia energética puesto que hay que importar todo el uranio y enriquecerlo en otros países.
-No tiene futuro, ya que, en el mejor de los casos, existen reservas de uranio para 80 años.
-No puede sustituir a los combustibles fósiles en el sector del transporte.
-No puede reducir significativamente las emisiones de gases de invernadero que originan el cambio climático.
-Es sustituible mediante energías renovables y medidas de eficiencia y ahorro.
7. Por todo lo anterior, el Sector Crítico de CCOO mantiene su oposición a la energía nuclear, que sólo es apoyada por el 4% de los españoles, y reivindica el cierre gradual y rápido de las centrales nucleares existente. Y exigimos que no se vuelva a pronunciar públicamente el secretario general del sindicato en apoyo de lo nuclear, cuando no se han modificado los acuerdos congresuales y ni siquiera se ha debatido en los órganos de dirección.
Sector Crítico de CCOO.
Madrid, 15 de abril de 2008.
sábado 5 de abril de 2008
Sobre el congreso de CCOO

Pedro Luna Antúnez.
Secretaría del Mundo del Trabajo del PSUC viu.
El pasado 11 de marzo el Consejo Confederal de CCOO aprobó la convocatoria del IX Congreso del sindicato a celebrar entre el 17 y el 20 de diciembre del presente año. Así mismo, se designó la formación de una Comisión de Ponencias y se aprobaron las normas del proceso congresual. Cabe destacar éste último punto puesto que representa la articulación de un nuevo modelo de congresos, necesidad que ya se abordó en el transcurso del VIII Congreso, con el fin de fomentar e incrementar la participación de la afiliación en los procesos congresuales del sindicato. Sin embargo, ésa fue una mera declaración de buenas intenciones que ha caído en saco roto. Los compañeros del Sector Crítico de CCOO han presentado un recurso a la Comisión de Garantías del sindicato precisamente por considerar que algunos aspectos del nuevo modelo de congresos dañan la participación de la afiliación en el proceso.
En síntesis, el nuevo modelo congresual establece un ordenamiento del debate y de la elección de delegados estructurado en tres niveles, un primer nivel correspondiente a las asambleas congresuales de las secciones sindicales de más de 25 afiliados, un segundo nivel que correspondería a las asambleas congresuales o congresos de los sindicatos provinciales y comarcales, y un tercer nivel dirigido a las asambleas congresuales o congresos de las federaciones de nacionalidad o región y uniones provinciales y comarcales. Finalmente, el proceso culminaría con la realización de las asambleas congresuales de las federaciones estatales y confederaciones de nacionalidad o región.
Pues bien, respecto a la elección de delegados del primer nivel, las asambleas congresuales se limitan a las secciones sindicales de más de 25 afiliados y las candidaturas presentadas deberán ir avaladas por el 10% del censo electoral proclamado. Por otro lado, se ofrece la posibilidad de que puedan participar los afiliados de secciones sindicales de menos de 25 afiliados agrupándose por zonas o sectores y en este caso las candidaturas habrán de ser avaladas por el 5% del censo de la circunscripción. Obviamente, tales requisitos vulneran, y he aquí el sentido del recurso presentado por el Sector Crítico de CCOO, el propio artículo 11 de los estatutos del sindicato que establece en el 10% de los delegados presentes el porcentaje de avales necesario para poder presentar una candidatura electoral.
De igual manera, las normas congresuales regulan que se puedan presentar candidaturas avaladas por el 10% del consejo correspondiente en el caso de las asambleas agrupadas. Ello podría crear situaciones contradictorias e inexplicables como la señalada en el recurso a la Comisión de Garantías: “Para mayor claridad imaginemos el siguiente supuesto: Asamblea agrupada con un censo de 500 afiliados y afiliadas, de un sindicato provincial con un consejo provincial compuesto por 30 miembros. En la asamblea participan 25 afiliados, de los cuales 24 apoyan a un candidato, pero no pueden presentar candidatura ya que no se alcanza el 5% del censo (a pesar de ser el 96 % de los presentes) mientras el otro partícipe presenta su candidatura avalada por 3 miembros del Consejo correspondiente (que ni siquiera forman parte del censo). En este caso sólo este último estaría habilitado, según las normas, para presentar candidatura”.
En este sentido, la propuesta del Sector Crítico de CCOO es la de fijar en la fase deliberativa cual es el número exigido de avales para poder presentar una candidatura en virtud de los estatutos del sindicato y de los delegados presentes en la asamblea. Porque otro detalle controvertido del nuevo modelo congresual es la separación de la fase deliberativa de la electiva. Si el objetivo consiste en abrir el sindicato a la afiliación no puede entenderse porque en las asambleas congresuales se separa, por un lado, el debate de los documentos y por otro lado, la elección de delegados. Separando la fase deliberativa de la electiva es posible que se logre una mayor participación en cuanto a la legitimación de las candidaturas mayoritarias pero no así en el debate y en la discusión de los materiales, que es donde verdaderamente hay que potenciar la intervención del afiliado.
En consecuencia, se trata no tanto de aumentar el número de votos o de los delegados congresuales sino de concretar cauces de participación real de la afiliación en la elaboración y discusión de la acción sindical de CCOO para los próximos cuatro años. En ello reside la participación efectiva y sobre el terreno de la afiliación, en poder decidir la estrategia sindical de la organización porque, en definitiva, serán los primeros que apreciarán de inmediato los resultados y el alcance de la misma. Porque, sin duda, los retos de futuro que ha de marcarse CCOO en el próximo congreso han de suponer la mejora de las condiciones sociales y laborales de la clase trabajadora en España merced no sólo al impulso de un nuevo modelo productivo sino también a la lucha contra la precariedad laboral, que no deja de ser el principal déficit del actual mercado de trabajo.
Por último, quisiera realizar un breve apunte desde Cataluña. La aprobación ya a finales de 2006 de un modelo congresual propio para las CCOO de Cataluña, al margen de las normas aprobadas para el resto de la confederación sindical, así como la previsión de realizar el congreso de la CONC a principios de diciembre, augura un choque de trenes no sólo por la proximidad entre ambos congresos sino porque está en juego el concepto de confederalidad y con ello el sustrato sociopolítico y de clase de nuestro sindicato. No en vano, el reguero generalizado de fusiones entre federaciones ha provocado por inercia un mayor reforzamiento de las estructuras territoriales y por consiguiente, un alejamiento respecto a la estructura confederal. Y sin menoscabar la autonomía y la singularidad de algunos territorios tampoco sería deseable convertir a la confederación sindical de CCOO en un reino de taifas.
Abril de 2008.
lunes 31 de marzo de 2008
El Sector Crítico impugna las normas del noveno Congreso Confederal de CCOO

Agustín Moreno.
Representantes del Sector Crítico de CCOO han impugnado ante las Comisión de Garantías del Sindicato las normas por las que se regirá el próximo congreso confederal de CCOO, que se celebrará en Madrid en diciembre de este año, al considerar que se vulneran los Estatutos del Sindicato.
Una decena de miembros del Consejo confederal de CCOO entre los que se encuentran miembros de su Comisión Ejecutiva Confederal, como los históricos dirigentes, Agustín Moreno y Salce Elvira y dirigentes de diversas Federaciones Territoriales y Sectoriales han impugnado las normas que regirán el próximo Congreso confederal de CCOO al considerar que algunos de los puntos vulneran los derechos estatutarios que regulan y protegen la participación de los afiliados y afiliadas del Sindicato en el máximo momento de su participación, como es el debate congresual.
La Comisión de Garantías Confederal ha admitido a trámite el recurso y ha dado audiencia a las partes afectadas para que ejerciten el reglamentario derecho de réplica y pueda clarificarse el estricto contenido del cuerpo normativo por el que se regirán todas las asambleas del mayor sindicato del país -más de un millón doscientos mil cotizantes- que tiene previsto su inicio el próximo 1 de septiembre.
El noveno Congreso Confederal de CCOO tendrá lugar los días 17, 18, 19 y 20 en Madrid y de sus debates deberán salir el nuevo programa de acción y la nueva dirección confederal.
El sector crítico de CCOO espera que este noveno Congreso, al apostar por la integración y el trabajo con reparto de responsabilidades en las tareas de elaboración y dirección para todas las sensibilidades que conviven y conforman al Sindicato, cierre definitivamente la división generada en 1996.
Madrid, 31 de marzo de 2008.
Resolución de la Ejecutiva Intercentros de CCOO-Seat

El pasado 27 de marzo SEAT presentó el informe con los resultados de 2007. Desde CCOO nos alegramos que la compañía vuelva a tener beneficios (169’7 millones) e igualmente celebramos los buenos resultados obtenidos por Volkswagen.
Hemos obtenidos beneficios operativos (por la actividad propia de fabricar y vender coches), hemos mejorado sustancialmente los costes de garantía (el dinero que SEAT se veía obligada a pagar a los clientes por fallos en coches dentro del periodo de garantía); y pensamos que hemos contribuido también a los espectaculares resultados de Volkswagen en el 2007 con 4122 millones de euros de beneficios netos.
Estas mejoras hacen que tanto la Federación del Metal de CCOO como la Sección Sindical de CCOO de SEAT no entendamos que el presidente de SEAT hable de una supuesta perdida de competitividad como base para atacar nuestros costes laborales, a través de la cláusula de revisión salarial, y la flexibilidad pactada.
En CCOO de SEAT y en la Federación del Metal de CCOO estamos preocupados por el ataque continuo que diferentes multinacionales hacen a la revisión salarial, garantía imprescindible para nuestros salarios, y las constantes peticiones de más flexibilidad.
Desde CCOO queremos recordarle a la Dirección de SEAT y a la de otras multinacionales que la negociación colectiva no es negociar reducir los costes laborales.
La ejecutiva de CCOO en SEAT, reunida el 31 de marzo, hemos decidido dejar claras algunas cosas cara a la negociación del próximo convenio.
1- No negociaremos perder la cláusula de revisión salarial ni vaciarla de contenido.
2- No negociaremos pérdidas ni congelaciones salariales. Ni directamente ni bajo la fórmula de artificiales aumentos de la jornada laboral.
3- Igualmente pensamos que la flexibilidad pactada es más que suficiente. No negociaremos bajar el dinero de los pluses (sábados, festivos, etc). Y tampoco eliminaremos ningún elemento de control sobre la misma. Las bajadas de producción de pasados años no se debieron a la falta de flexibilidad sino a errores en la estrategia comercial (pocos mercados y muy concentrados en Europa Occidental); así como a errores en la estrategia de modelos y la escasa gama que hemos ofrecido a nuestros clientes.
Toda esta cadena de errores es imputable a la Dirección de la Empresa y no puede pretenderse que nosotros paguemos facturas que no son nuestras; como tampoco son nuestras el aumento de la inflación o la subida del precio de los carburantes y las materias primas.
Así mismo queremos recordar a la Empresa y al conjunto de la plantilla de SEAT que este sindicato, tal como aprobó por UNANIMIDAD en la pasada Conferencia de la Sección Sindical celebrada en Octubre de 2007, NO TOMARÁ NINGUNA DECISIÓN EN REFERENCIA AL PRÓXIMO CONVENIO COLECTIVO SIN SOMETERLA A REFERÉNDUM VINCULANTE DE TODA LA PLANTILLA. INDEPENDIENTEMENTE DE CUAL SEA LA POSTURA DE LOS DEMAS SINDICATOS.
Martorell, a 31 de marzo de 2008.


